Dar el primer paso siempre es un problema, quizá más para unos que para otros, pero, ese es mi caso.
Saber que se puede tropezar en el camino no es algo que deba detenernos… ¿no crees?
Un diario más en la Red
Dar el primer paso siempre es un problema, quizá más para unos que para otros, pero, ese es mi caso.
Saber que se puede tropezar en el camino no es algo que deba detenernos… ¿no crees?
Tomar decisiones es cosa que hacemos todos los días, unas pequeñas y quizá de importancia nada relevante, como cuando nos levantamos de la cama por la mañana y ni siquiera nos detenemos a pensar qué pie pondremos primero en el suelo; a no ser, claro está, que sufras de alguna especie de trastorno compulsivo (Supondré que no
). Son cuestiones que afrontamos todos los días: la ropa que nos pondremos, lo que cocinaremos, la hora a la que comeremos. Asuntos que muchas veces están ya programados en nuestra rutina diaria que llega un punto en el que solo los llevas a cabo sin meditar en ello.
Sin embargo, existen otras tan trascendentales que son capaces de cambiar por completo nuestro modo de vivir y que, si no estamos atentos y prestamos atención, podemos toparnos con sorpresas muy desagradables. No se presentan todos los días, pero cuando lo hacen nos encontramos frente a frente con una prueba que tenemos que superar, sí, una prueba… Nuestra capacidad de saber elegir.
Sería muy sencillo esperar a que otros decidan por nosotros pero, qué pasaría si lo que alguien decidió por ti no es precisamente lo apropiado, ¿quién sería responsable de la las consecuencias? Lo lógico es pensar que nosotros somos responsables de lo que hacemos y resulta interesante el hecho de que de toda experiencia, por muy mala que esta sea, aprendemos algo que nos ayudará a enfrentar situaciones posteriores. Así que bueno es poder tomar nuestras propias decisiones y aprender de lo que resulte de ello.
Madurar es un proceso largo que exige paciencia y mucho entrenamiento, decidir por uno mismo es la clave.