Acabo de ser parte de una escena muy interesante, un hombre se ha enojado conmigo por que una página que él necesitaba ver no está disponible. Evidentemente yo no tengo la culpa, pues el internet está bien, inclusive está navegando en otros sitios y usando el Messenger. Se nota que necesitaba de veras ver dicha información y ante la impotencia de no poder hacerlo busca un culpable.
Por qué no culpó al webmaster que mantiene la página, o a los dueños de la página. Según yo, por que necesitaba alguna manera de reflejar su ira y ser observado por alguien, y siendo yo el único que estaba a su lado, pues descargó lo que tenía conmigo. No fue la gran cosa lo que dijo, lo que si puedo asegurar es que mi manera de actuar no fue la apropiada. Hay un dicho escrito por el sabio Salomón que dice que “La respuesta, cuando es apacible, aparta la furia” (Proverbios 15:1) No contesté mal, ni dije nada que pudiera ofenderlo, pero me puse a la defensiva y eso pudo crear más tensión.
Pero, todo esto me hace pensar que no es justo que busquemos responsables de nuestro actos o nuestros errores; menos que desquitemos nuestro coraje con quienes no lo merecen, es más, con nadie. No me es facil ponerme en los zapatos de los demás, aunque eso puede servir para aligerarles la carga.